|| por Antolín Prieto, 31.12.05
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|| por Antolín Prieto, 30.12.05
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El puente Dalong en "Apocalypsis Now!"
"Esto se parece a la guerra", le digo a Alonso y él me mira extrañado. Le explico, "Sí. No duermes, o duermes mal, la tensión te mata, todo el tiempo como bajo fuego cruzado, recibiendo ordenes, sin salir de la trinchera y sin ver al enemigo". Se sonrie de soslayo y asiente mientras vamos saliendo de la U. Es una de esas semanas donde nos han dejado mas trabajo del que los mismos profesores revisaran.
A pesar de (o justamente por) toda la tensión y todas las amanecidas y cafeinadas he logrado sobrevivir, ileso, al octavo ciclo - ciclo que tiene fama de ser el más ruín, desorganizado y poco condescendiente de mi carrera en la universidad .
En estos días, mientras caminaba por el campus no podía dejar de sentirme como en la escena del puente en "Apocalipsis Ahora" de Ford Coppola. No como el Capt. Willard, sino como Lance, un simple soldado, que se detiene por un instante y dice "Disneyland. Fuck, man, this is better than Disneyland" al observar las explosiones a su alrededor mientras el LSD le incendia el cerebro. Caminar disociado de toda esa locura y poder adherirme a esos rostros y escuchar esas conversaciones estudiantiles, banales y fundamentales por igual; escuchar, de cuando en vez, alguna guitarra de palo ensayando frenética un hit que le va de soundtrack a la vorágine de copias y copiaderas. Pero, yo solo pienso en "This is the end... my friend... my beautiful friend... the end ..." de Morrison, mientras se va el ciclo y siento como si el helicóptero (es una combi) me transportase lejos de esa jungla de carpetas y oficios. ... Y como en la película de Coppola, se escucha al final una voz "The Horror, the horror".
Viéndolo de lejos, no puedo explicar porque someter a tanto estress, a jovenes que de ser mejor cuidados podrían rendir más y mejor cuando saliendo de la universidad, en realidad tengan que trabajar; pero ahí caemos en demagogias y en conversaciones viciosas sobre la utilidad de la U y sus formas y currículas. Lo cierto es que por ahora, tengo vacaciones y me quedan dos ciclos más para enfrentar el horror.
|| por Antolín Prieto, 26.12.05
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Cuando era niño, tenía mi propio superhéroe "Carbonman" que no era más que ocho fichas de Play-Go unidas, pero que mi bullente imaginación encarnaba a este ficticio ser espacial. Tenía su propia historia, sus aliados y sus enemigos. Entre los datos de su propia historia tenia la cualidad de no envejecer sino que siempre se sentía en el máximo de su poder físico y mental. Para esto tenía que decidir su edad.
En ese entonces tenía la idea de que debería ser un número perfecto, claro desde mi infantil punto de vista. Consideré un cuadrado perfecto de 10 unidades de lado (10 porque tengo 10 dedos), su área 100. Cien no me gustaba porque era como decir que era un bisabuelo; la mitad 50, era como entre mi papá y mi abuelo, muy mayor aún. La mitad, 25, no había un referente en casa de veinticinco, la idea de juventud, era perfecto además por ser 5 al cuadrado. Pienso que fui tonto, en la misma medida que fui niño e inocente. Podía haber dicho que tenía un millón de años y que tenía su propio contar de tiempo, pero aún no conocía a Einstein y su relatividad, ni a Borges y sus mundos infinitos, pobre de mí. En fin, fue 25.
Hoy he cumplido 25 años y no me siento en mi máximo, ni en mi mínimo. Como no lo sentí a los quince, a los dieciocho o a los veinte, ni lo sentiré a los treinta o los cuarenta. Hoy entiendo que el tiempo es tiempo y que el único tiempo que tengo es sobre el que estoy parado.
|| por Antolín Prieto, 10.12.05
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Hoy me vi, nuevamente, referido en el periódico (La Industria 04/12/05 - suplemento Dominical) como "cortometrajista" o "joven promesa del audiovisual trujillano". Tragué saliva mientras leía la nota.
Cuando estas cosas suceden lo tomó con una mezcla de modestia y vergüenza. Es mi reacción, don´t blame on me. También me preocupo. Es que no es lo mismo que uno diga "quiero hacer cine/video" o "soy videasta" a que la gente te comience a llamar así. "Mira, ese ón hace video" o "es videasta" significa que alguien más está asintiendo y reconociendo lo que tú haces y que quizá lo estás logrando. ¡Vaya!
Estas afirmaciones, públicas o privadas, también me abren un mundo de interrogantes - ¿Lo dirá en serio? ¿Lo dirá con sorna? ¿Lo dirá porque soy su pata? - y un sinfín de razonamientos sobre la responsabilidad de los sustantivos. ¿Como he sido catalogado "videasta", ya no podré ser escritor, padre, comunicador, ingeniero, amigo? ¿ya no seré blogger? ¿seré un videasta blogger o un blogger cineasta? ¿Que tal sino puedo volver a hacer un corto o un largo? ¿serán mentirosos todos los que afirmaron que soy un videasta? Me hace sentir una gran responsabilidad de no desmentir, de cumplir cabalmente con el sustantivo. Es una tortura y un honor... no lo sé.
Hago como que no me importa, o qué me importa un poquito, y después avanzo, veo estos epítetos como piedras bonitas que están en mi camino. Porque creo que la mayor responsabilidad no es con los demás, ni con los sustantivos y los adjetivos, sino con uno mismo y con sus verbos. Podré discúlparme con cualquiera si hago o dejo de hacer trabajos audiovisuales; pero no podré engañarme con excusas, sabré mi verdad de los eventos y de porqué hice o deje de hacer tal o cual cosa; y esa es la única materia que importa: el hacer para ser.
En el fondo, la creación es un compromiso personal, yo no soy un realizador o un videasta; soy alguien que hace video, alguien que se expresa. El verbo es transitivo. La creación también. Aún no me animo a hablar con sustantivos. Quizá un día de tanto hacer, me apropie de alguno.
Las obras no tienen dueños; los actos, sí.
|| por Antolín Prieto, 4.12.05
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