Banca de Parque   Una Banca 
  de Parque

pise el grass, haga picnic, sea libre

27.11.05

El festival de nucas

(Un post atrasado alrededor de los Megaeventos y Brahmas Tours)

Ese día se congregaron nucas de todo tipo. Y las vi todas. Nucas pálidas, nucas morenas, nucas cetrinas. Nucas peludas, nucas peladas, nucas depiladas o rapadas, con tatuajes y con granos. Nucas huesudas o nucas cebosas, qué más da. Y no sólo yo sino muchos más, todos viendo nucas sin mayor preocupación , porque al final, a nadie le importó. Hasta alguno, estoy seguro, también se fijó en la mía.

Nucas. Es todo lo que vi y me da igual. Tampoco me incomodo hacer cola por horas, ni respirar la transpiración de miles a mi lado. Nucas, nucas y ya! Ni pararse en puntas de pies hasta que las pantorrillas adormecidas empiecen a hormiguear, ni verlo todo en una pantalla gigante, "para eso te quedabas en casa" me diría mi madre. Más nucas, algunas en claroscuro, otras a 20 centimetros de mi rostro. Nucas. Qué más da, aunque veas a tu artista favorito del tamaño de un llavero.

Nada de eso importa, sino el momento en que las guitarras rasgan y entonces todo desaperece. (Mujer noche te volveré a buscar, entre sueños te convertí en amanecer). No importa si fuiste a ver al Carehaba y sus amigos o a los roqueritos en un mar de copas, si al romántico de grammy o a los del tren al sur... (Y no me digas pobre por ir viajando asi no vez que estoy contento no vez que estoy feliz) Sólo aquel momento, donde nada existe, sólo tu voz, ronca y gastada por la espera, y entonces (des)entonas y saltas y te abrazas de no se quién y ahí está, ese mágico momento, como un orgasmo incorpóreo, (He visto que tienes los ojos de un ángel que mira hacia el cielo buscando amor) Sí! la catarsis, de ahí vienen los fuegos artificiales pero
ya da igual.
|| por Antolín Prieto, 27.11.05 || link || (18) cháchara(s) |

20.11.05

Yo camino

“Commuting”, es una palabra inglesa que no tiene su análoga en español, su traducción es algo así como “viajar de un lado al otro”. Es, en términos prácticos, movilizarse de la casa al trabajo, la escuela, la universidad o cualquier otro sitio al que se vaya como parte de una rutina. Dependiendo de la ciudad ese “commuting” toma tiempos que definen el ritmo de la ciudad: En México DF, una hora; en Lima, tres cuarto de hora; en Trujillo, 20 minutos. A más “commuting”, más apremio para realizar los quehaceres, esa es la ley.

La vida de la ciudad nos ha obligado a hacer todo demasiado rápido, hay demasiada premura en el aire, como una corriente eléctrica; todo a mil; todo para ayer. A veces me gana la obligación y no tengo más remedio que tomar el camino rápido y directo: en carro; pero hay otras veces en que puedo tomarme mi tiempo y esas son las veces mejores, es cuando puedo caminar.

Demora mucho más, pero no hay urgencia, y, por si fuera poco, tiene sus compensaciones. Los sentidos se deleitan: se ve gente, colores, indumentarias, signos, aceras, casas, el clima, el paisaje citadino, a los policías, los orates locos, las parejas de la mano, los ambulantes ajetreados, los escolares con el uniforme gris y desfajado, todos diferentes, dan ganas de pararse a conversar con cada uno. Los olores de la ciudad están en cada tramo, cada parque, cada cuadra, cada esquina. Se puede comer una cachanga, un cebiche de a sol de pasada, o un marciano, todo es posible. La bulla, - sí, también – el claxon desaforado del conductor irascible, el piropo desvergonzado a la jovencita curvilínea, la grosería del lumpen, conversaciones banales que uno atrapa de casualidad. El viento golpeando la cara, despeinando, la garúa – si hay suerte – despertando el ensimismamiento; saludar a los amigos, a la otra gente de a pie.

Y no es sólo gratificante deambular de día, la noche tiene sus propios atractivos. Quizá camine más de noche que de día, porque prefiero llegar tarde a mi casa, pero llegar contento. En la noche, las calles más vacías, más para uno solo, para caminar por el asfalto, para andar bajo los faroles que le dan el halo rojo a la ciudad; con los guachimanes pernoctando, silbando a la nada; los perros ladrando las sombras; las putas y los travestís obscenos, procaces pero coloridos; los casinos deslumbrando la oscuridad, los taxistas recurseándose en sus ticos, las parejas acariciándose en los parques, los asaltantes laborando, el cobrador llenando el bus interprovincial, la combi echando el último viaje, los viejos timberos en una cantina que no tiene nombre bajo una luz verde y la luna siempre arriba, siempre cambiando, siempre acompañando.

Andar, es alucinante, con los amigos o solo, conversando o apenas pensando, pero tiene sus problemas también, no siempre es seguro, hay días que debo mirar para atrás, contar las sombras, aún no puedo caminar Chicago o Los Incas de noche, también hay días en que el cansancio y el tedio me ganan, me duelen los pies y sólo quiero ver mi almohada y me rindo al camino fácil de llegar a donde vaya en un dos por tres.

Ya por andar, me he vuelto un poco amigo de los búhos, de los sonámbulos, del caldo de gallina de las 5 AM y del sereno. Pero por mí, seguiré siendo un caminante, un noctívago, es un poco mi carácter voyeurista y de cronista inconfeso, de incesante observador. Seguiré “conmutándome” a pie, porque, total, más vale tomarme mi tiempo, hacer mi ritmo. Lo importante no es llegar, es disfrutar del camino.
|| por Antolín Prieto, 20.11.05 || link || (12) cháchara(s) |

11.11.05

¡Qué verde es mi parque!

Nadie le compraría una muñeca a su hija para ponerle alambres de púas ¿no? "Es para que no la malogres hijita, se le puede salir una piernita". Nadie le pondría ají a un postre, "para que no se le posen las moscas". Tampoco nadie le pondría rejas a un parque.... ¿o sí?

La última moda en ornamentación urbana, es decorar nuestros espacios públicos y comunes con lindas verjas verdes, "cercado invisible" le llaman, para así dejarlas menos públicas y menos comunes. Estos espacios, además de pulmones de la ciudad, son puntos de encuentro para la recreación y distención: paseos en bicicleta, conversaciones interminables con amigos, afanes de parejas, que sé yo, todo eso ya no está, a medida que en su lugar nos quedan virtuales cárceles de flores, árboles y pájaros fugitivos. Esta triste idea salió de...

Hey! señora, déjeme terminar de escribir... ¿que qué dice?... Ah! que no escriba esto... ¿Qué?¿Por qué?... A ver... Ya, señora, las rejas son una bendición... Sí, pues, ahora los jóvenes ya no toman en el parque... Claro, las parejas tampoco hacen sus cochinadas, pero señora, no son cochinadas son caricias, se llaman besos... ya... Tiene razón, ahora los perros ya no pasan por ahí, ya no son peligrosos... Sí, pues, tampoco, ya no están esos facinerosos que asaltaban en el parque...

Se puede esgrimir muchas razones para la decisión de enrejar los parques, pero todas serán poner los ojos donde a uno le conviene. Porque las hormigas no se suban a mi mesa, no dejan de existir hormigas. Los jóvenes ya no toman en el parque, toman en algún bar malaspecto. Los amigos conversan en cualquier acera. Los choros ya no asaltan en el parque, 'laburan' en la esquina. Las parejan no retozan a la sombra de un ficus, sino en un pasaje oscuro (donde los pueden atracar). Los perros se aburren en sus casas o aprenden nuevas rutas por las calles, igual sino orinan en un árbol, orinan en un poste.

¿Qué dice, señito?... Sí, pues, qué verde está su parque, pero cuanta vida le falta!... Esa vida que no le dan las plantas, sino la gente y su alegría.

A ver quién le explica a los regidores y las juntas vecinales que los problemas sociales, económicos y de planificación urbana no se resuelven con unas cuantas rejas.
|| por Antolín Prieto, 11.11.05 || link || (15) cháchara(s) |

5.11.05

Vaso


En el fondo del vaso veo tu reflejo, apenas imagino tu cabello, estoy otra vez en el mismo lugar, lejano. La ceniza cae sobre la mesa y el humo bailotea haciendo mil piruetas, no hay ahínco cuando no hay motivación. Una sonrisa que invita, no es una sonrisa que amaga, yo huyo porque nada me importa, porque no estoy ahí, estoy sentado en otra mesa, en otro bar, con otra gente que no está a mi lado. Mi vaso se sigue llenando, como mis venas, cada vez más hinchadas de nostalgias que no oso pronunciar. El sonsonete en el altavoz no me interesa, ni esas danzas ni los modales ni el humor, todo acre a mi alrededor. Y otra vez la copa que no se termina de vaciar. Y otra tú, como recuerdo o como estigma. Las risotadas no me arrancan más que una mueca de compromiso. Huyo. Huyo en humo y espejos. Humo y espejos, el dragón, las risas, otra vez, otra vez ese recuerdo que no se apaga, como un infierno que corroe y que no puedo apagar y me bebo todo, todo lo que haya. !Sí, estoy borracho! ... al fin estoy a tu lado.
|| por Antolín Prieto, 5.11.05 || link || (12) cháchara(s) |

1.11.05

La Higuera

En el patio de mi casa hay una higuera. Ha estado allí desde que vinimos a vivir a ella. Dicen que las higueras tiene duendes y que toda casa de españoles tiene una (como mi papá lo es, no podía ser la excepción). Yo no sé si esas leyendas y dichos son verdad, en cambio, sé que en verano da muchos frutos dulces que los pájaros, los murciélagos y mi familia nos hemos repartido. Los de la copa son para los pájaros de día y los murciélagos de noche, los que están más a nuestra mano pues son nuestros. ¡Buen provecho para todos!

Todos los inviernos, sucede que un buen día la encuentro sin brazos ni piernas, además de haberse quedado sin follaje, se han encargado, sierra en mano, de podarla. Este año la cortaron tanto que temí tener un cádaver en el patio. La miré por varias semanas sin que se moviese, sin que se posara ni el viento sobre ella. Realmente me temí lo peor. Además, un árbol podado le da un aspecto sombrío a la casa, definitivamente no me gusta.

También sucede que otro día, uno cualquiera, le encuentro los primeros atisbos de hojas y ramas, es el día que la higuera me recuerda que la vida sigue y que sigue en su caprichoso destino dibujandose torcidos caminos hacia el cielo, me recuerda que hay que ser perseverantes hasta la terquedad, no importa cuánto la corten porque sino ¿cómo disfrutarás de los frutos dulces del verano?
|| por Antolín Prieto, 1.11.05 || link || (21) cháchara(s) |